Fui al Almudí a revisitar la exposición de Lidó Rico que tanto me gustó, pero en su lugar he encontrado a unos señores llenando el espacio de sillas de plástico. Aunque hoy en día cualquier plástico puede ser susceptible de convertirse en arte, creo que estas sillas estaban destinadas a recibir posaderas asistentes a algún acto; así es la vida: actos, actos y más actos.
Algo se cuece en "El Cuartel". La decadencia de esos antiguos barracones con sus ronchones como jirones de piel a punto de mudar me fascinan. Allí se suda arte por cada grieta; y son muchas las que hay. La tarde estaba fresca, acabándose, como llevaba balas en la re-cámara, he apuntado al depósito del agua, recordando algún western de Clint Eastwood cuando era actor de puro y colt y se dedicaba a agujerear lo que se movía y lo que no.

A Sebastiao Salgado le dio un pálpito el corazón cuando se le reveló un nuevo mundo al mirar por primera vez a través del visor de una cámara fotográfica; tenía 26 años (1970). Ese mismo año yo cumplí 9 y también viví una experiencia similar al tener por primera vez una Kodak Retina entre mis manos. Desde ese día me interesé por la fotografía, pero a diferencia de Salgado, mi relación no ha llegado a trascender de la mera anécdota (frustración!).

"...empecé a escribir: la muerte sabe a un trago largo de tila. y pienso en mi padre como un paseo largo. y pienso en mi madre como un olor muy fuerte a lejía. y pienso en mi hermana como un gran salto de ballet."
Esto es un fragmento de uno de los textos que van hilando la exposición de pequeña fotografía "ellestásola" que Duli Martínez cuelga de las paredes de la Galería Léucade.
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